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¿Es raro, no?  Como sigo viéndote en la calle, como si no te hubiese gritado ya tres mil adiós, como si las ilusiones aún vivieran, como si el 'alguna vez le importé' siguiera vivo.
No estoy rota, estoy abierta de par en par, que es distinto. No son heridas de guerra porque por lo nuestro nadie luchó,  son heridas de pena por no haberlo hecho, a mi, que me importa más recordarlas que coserlas, que a veces me entrego a los sueños para despertar y ver el mismo gris que siempre,  y no hablo del que está en el cielo, no hablo de los pajaritos que me vuelan por la cabeza cada vez que me sigues saludando, y ahí está de nuevo, el corazón bombardeando médicos pa' curarme por dentro, que por fuera ya me arreglo yo, a golpe de maquillaje y sonrisas. 
Ya nadie escucha, pero todos hablan, todos piensan creer qué siente la otra persona, todos intentan estamparme en la cara sus verdades, yo sólo quiero que me dejen ser, que me dejen soñar, que me dejen volar, que me dejen doler. No quiero que vengas…
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Pon las manos en alto que te voy a disparar unas cuantas bombas,  que voy a despojarte de todo aquello que tienes frente a ti sirviéndote de coraza, te voy a vaciar entero y a plagar de flores al menos tres veces antes de irme. No quiero seguir caminando lejos de ti, pero estoy obligada a hacerlo, porque me han contado un par de leyendas, y al menos una de ellas es cierta; que dicen que allá fuera esperan cosas mejores y menos dolor, y yo me entrego a todo lo que me prometa llorar menos. 
No te voy a mentir: a veces me queman mis propias lágrimas.
A veces miento tres veces para ver si a la tercera va la vencida y sale alguna verdad, y al menos una vez en semana me ahogo en pensamientos para aprender a nadar, porque saber flotar dentro de uno mismo es algo que nadie te enseña, y cierto es que hay más peces en el mar, pero en el mío sólo cabe una sirena, que me besa lento, y me quiere rápido, que es fuerte porque sabe que a débil no me gana nadie, pero a querer tampoco. 
En serio, teng…
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Me voy a levantar cada día como si el día anterior no hubiese sido una puta mierda.  Voy a morder el polvo como si no me quedara más opción que aprender a correr(me) de los problemas, como si no estuviera mirando por la ventana intentando recordar por qué te echo de menos.
Qué jodido.
Vaya putada eso de tener que hacernos daño para sentirnos vivos, me gusta el sabor que dejan tus latigazos pero llevan demasiada rabia tus palabras como para creérmelas, y a estas alturas me creo más el precipicio por el que me tiras que las alturas a las que me llevas.
Te parecerá bonito jugar con un planeta así. Dándole vueltas hasta que se maree y no le quede de otra que vomitar todo el orgullo que se había tragado, y qué vivan las metáforas en las que llamo planeta a las personas, por eso de estar acostumbrada a vivir en tus constelaciones. 
Me parece una mierda la vida que llevo, y no me quejo. Sólo expongo realidades, que a veces son palabras, mírame llorar y dime si de verdad crees que merezco aguantar …
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No sé si te lo han dicho alguna vez, eso de que la lógica escapa de las manos cada vez que pasas,  y todo eso de que rompes los esquemas de cualquiera sin instrucciones para volver a unirlos,  a lo loco, sin gracias sin de nadas sin el perdón que precede a alguien que arrasa con todo cada vez que entra en una vida.
No puedo decirte que estoy rota, porque no lo estoy,  -pero lo estaba-,  no puedo decirte que estoy dolida, pero sí que dolía tanto que ya dejó de hacerlo,  no puedo decirte que estoy muerta, porque sigo respirando, sin el ‘’-te’’ detrás, no puedo decir, ni a ti ni a nadie, que ya dejé de recordar, si cada vez que puedo echo la vista atrás y miro nuestro pasado por encima del hombro, puedo decirte, a ti y a quien tenga la valentía de venir a preguntar, que (nos) echo de menos, las jarras de cervezas, tan frías como todo aquello de allí fuera, que nos era ajeno, pues en nuestro espacio se estaba tan caliente; todos los besos, a escondidas, que sabían igual o mejor que los que la gente veía…
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Las luces resuenan en cada uno de los pasos que dejas tras de ti, tintinean al son de tus piernas, ese camino kilométrico en el que aún ningún corredor -ni siquiera yo- ha llegado a la meta.  Das paso tras paso, sonrisa tras sonrisa, y te vuelves a mirarme, y me descompongo un poco más, lo suficiente para seguir tras tu sombra -llena de luces- y tras tu camino -lleno de baches-, comprando un sólo billete de ida a tus problemas,  que la vuelta ya la haremos juntas, -pero dame la mano, que no quiero perderme-.
Te paras en medio de tu nada, de mi todo, me das la mano y unos cuantos universos más,  y en ese instante ha terminado una guerra, han dejado de llorar miles de corazones, dos amores han pasado de primera vista a platónicos,  y dos a amores para toda la vida, una galaxia entera ha contenido el aliento y lo ha soltado justo en mi nuca, han pactado tu corazón y mi cabeza, tu cabeza y mi corazón, demostrando que no siempre tenían que pactar uno con otro estando en el mismo cuerpo. 
Creo que hoy es el d…
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Cariño, tenemos que hablar. 
Resulta que no soy tan madura, que no sé sobrellevar las ilusiones que me das cada vez que me dices que sí a algo, con esos ojos que me responden antes de abrir la boca, resulta que sobrellevo menos aún tus ‘’no, porque no me da la gana’’, no sé llevarlos, y te juro que tampoco quiero intentarlo.
No sé cómo se puede llegar al ‘’te quiero como tú me quieres a mi’’ porque es un camino unidireccional. Resulta que algún hijo de puta quitó todas las señales y lo hizo a malas, para que las personas que se aman se estrellaran, se perdieran en el bosque y encontraran otros árboles que les diera más cobijo. No sé si me entiendes.  No sé si me entiendes porque ni siquiera estoy hablándote. Hace tiempo me conformé con pensarte y deletrear en mi mente cada una de tus verdades, esas que no se llegan a decir por miedo, o por cobardía no sé,  y empecé a conformarme con decirte cosas insustanciales.
Cariño, tenemos que hablar. Porque resulta que me encanta cuando empiezas a ha…