''Escribir es un modo de poner en orden los sentimientos, aunque ponerlos en orden no significa que no duelan. Escribir no apaga el dolor, sólo lo coloca a la vista, lo vuelve más nítido y comprensible''

jueves, 12 de enero de 2017


Me voy a levantar cada día como si el día anterior no hubiese sido una puta mierda. 
Voy a morder el polvo como si no me quedara más opción que aprender a correr(me) de los problemas, como si no estuviera mirando por la ventana intentando recordar por qué te echo de menos.

Qué jodido.

Vaya putada eso de tener que hacernos daño para sentirnos vivos, me gusta el sabor que dejan tus latigazos pero llevan demasiada rabia tus palabras como para creérmelas, y a estas alturas me creo más el precipicio por el que me tiras que las alturas a las que me llevas.

Te parecerá bonito jugar con un planeta así. Dándole vueltas hasta que se maree y no le quede de otra que vomitar todo el orgullo que se había tragado, y qué vivan las metáforas en las que llamo planeta a las personas,
por eso de estar acostumbrada a vivir en tus constelaciones. 

Me parece una mierda la vida que llevo, y no me quejo. Sólo expongo realidades, que a veces son palabras, mírame llorar y dime si de verdad crees que merezco aguantar tus filosofías baratas que te duran un asalto. 

Me he levantado con ganas de tapar con la sábana tu frío y con mi cuerpo tu pena, pero se me queda grande. 
A ver si nos vemos un día de estos, que te echo de menos. 

Voy a acabar algún día de escribir cosas tristes, espero que para ese entonces ya te hayas olvidado por completo de mi. 
No vaya a ser que vuelvas, y empiece esta fiebre de nuevo. 
Ponme la manita, aquí ,en la frente, ardo de pena. 
Espero que te hayas olvidado por completo de mi. 
Por completo, de lleno, a patadas. 
Porque yo sólo escribo cosas tristes a personas que me han hecho sentir viva.

Ya sabes lo que eso conlleva. 

lunes, 12 de diciembre de 2016


No sé si te lo han dicho alguna vez, eso de que la lógica escapa de las manos cada vez que pasas, 
y todo eso de que rompes los esquemas de cualquiera
sin instrucciones para volver a unirlos, 
a lo loco, sin gracias
sin de nadas
sin el perdón que precede a alguien que arrasa con todo cada vez que entra en una vida.

No puedo decirte que estoy rota, porque no lo estoy, 
-pero lo estaba-, 
no puedo decirte que estoy dolida, pero sí que dolía tanto que ya dejó de hacerlo, 
no puedo decirte que estoy muerta, porque sigo respirando, sin el ‘’-te’’ detrás,
no puedo decir, ni a ti ni a nadie, que ya dejé de recordar, si cada vez que puedo echo la vista atrás y miro nuestro pasado por encima del hombro,
puedo decirte, a ti y a quien tenga la valentía de venir a preguntar, que (nos) echo de menos,
las jarras de cervezas, tan frías como todo aquello de allí fuera, que nos era ajeno,
pues en nuestro espacio se estaba tan caliente;
todos los besos, a escondidas, que sabían igual o mejor
que los que la gente veía, 
y de los que se hacían los locos mirando a otro lado porque ir de la mano
era levantar envidias.
Puedo decir que echo de menos aquella forma en la que la vida dolía,
así, sin más, sin rimar,
en los que sentía cada segundo que pasaba, los nervios me acompañaban
y las ganas siempre nos ganaba la carrera, 
que lloraba poco,
pero lloraba hasta reventar, 
así que imagínate cuando reía.

No sé, puede que yo te eche de menos y ni siquiera me dé cuenta de ello,
pero es que mis lunares te lloran más que mis ojos,
y no sé si eso es muy normal,
eso y todo lo de evitar nombrarte, o verte,
no sea que se desbarate por completo el plan de seguir siendo fuerte,
no sea que venga alguien con ganas de volver a romperme los esquemas,
-que podría hacerlo, pero no es lo mismo romper que pertenecer-,
no sea que los universos se alineen de nuevo y vengan con ganas de venganza, 
por todo eso de habernos dejado.

No sé,
soy de las que cree en sirenas,
pero no en saber nadar,
por eso me ahogo en las penas y las combato con olvidos,
que si vienes buscando vivir, soy tu chica,
soy toda la locura que me pegaste,
todas las ganas que dejaste,
todas las quimeras que perseguiste, y que dejaste marchar por miedo a no ser suficiente,
que si crees en Dios puedes empezar a rezarme porque esta vez soy yo,
y no tu, 
la que te espera de rodillas. 

domingo, 20 de noviembre de 2016


Las luces resuenan en cada uno de los pasos que dejas tras de ti, tintinean al son de tus piernas,
ese camino kilométrico en el que aún ningún corredor
-ni siquiera yo-
ha llegado a la meta. 
Das paso tras paso, sonrisa tras sonrisa, y te vuelves a mirarme, y me descompongo un poco más,
lo suficiente para seguir tras tu sombra -llena de luces-
y tras tu camino -lleno de baches-,
comprando un sólo billete de ida a tus problemas, 
que la vuelta ya la haremos juntas, -pero dame la mano, que no quiero perderme-.

Te paras en medio de tu nada, de mi todo, me das la mano
y unos cuantos universos más, 
y en ese instante
ha terminado una guerra, han dejado de llorar miles de corazones, dos amores han pasado de primera vista a platónicos, 
y dos a amores para toda la vida, una galaxia entera ha contenido el aliento
y lo ha soltado justo en mi nuca,
han pactado tu corazón y mi cabeza,
tu cabeza y mi corazón,
demostrando que no siempre tenían que pactar uno con otro
estando en el mismo cuerpo. 

Creo que hoy es el día más feliz de tu vida. 
Porque las luces tintinean, y hacen tu pelo menos oscuro, y a tu lunar un poco más -pozo sin fondo, donde he caído un par de veces, y recaído unas cuantas más-, 
porque das ganas de hacer poesía con cada mirada que lanzas a tu alrededor, que has violado unas veinte leyes cada vez que sonríes así, debería ser ilegal, deberías serlo tú, 
con tanta hambre por conocer todo, y por conocerme toda, con tanta libertad delante de ti,
tan libre tú,
y tan encerrada yo dentro de ti. 

Debería ser el día más feliz de tu vida, porque la ciudad te acompaña, y otra más pequeña te da la mano. 
Porque miras como diciendo ‘’es Madrid, hay que ser feliz aquí’’.
Por cojones. Porque tú lo digas. 
Y yo te voy a mirar, en el día más feliz de tu vida,
y sonreiré, y caminaré, sin luces tintineando detrás de mi, sin sonrisas que se viren cada vez que paso,
y te escribiré en bajito, en secreto, en la esquina más oscura que vea,
en la calle más vacía,
en el día más triste de otra persona:

Tú eres mi Madrid.