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Mostrando entradas de enero, 2015
La ilusión con la que te recibí, cosechada como si mi vida hubiera sido un eterno 6 de enero, dándote la espalda mientras te hacía un café que resultó estar más caliente que tu deseo. Y estábamos ambos sentados en una mesa que parecía demasiado grande para nuestros cuerpos y en ella mis manos batallaban para no atravesarla y dar con el hielo que eran las tuyas.
Qué inocente son los sentimientos, mucho más de lo que lo son las personas en sí mismas yo que pensaba que se abriría mi boca para gemir, y se abrió la tuya para despedir, yo que pensaba que te ibas a correr y lo único que se corrió esa noche fueron mis ojos.
Y me ves calmando mi sed en el agua de tus recuerdos Bebiendo de ellos como te bebía cuando estaba entre tus piernas  Saciando todas mis inseguridades, todas mis carencias dejando que vuelvan a llenarme imitando tu lengua al entrar a mi boca. Y en ese agua cristalina que son reflejos de tus ojos mis pensamientos vuelven a perderse, y entonces se que pasaré otra puta noche sin dormir, porque el único hueco que queda a mi lado es tu ausencia y como siga creciendo cada noche sé que acabaré durmiendo en el frío suelo. Y de repente te descubro detrás de mi, como una sombra allanando las arrugas que se me forman de tanto esperarte, y qué maldita sorpresa me llevo cuando reparo en que tu mano está sobre mi nuca, como una caricia pero ahogándome en ese pozo de recuerdos del que sé que no saldré, porque me marcaste tanto como hicieron tus manos al bajarme el pantalón y al comerme el alma.
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Ahora mismo me encuentro en un momento de mi vida en el que no sé nada. No encuentro la respuesta a una pregunta sin que con ella me salgan veinte preguntas más.
Y de repente me vuelvo loca y digo ''venga, qué coño, tiremos la casa por la ventana, hagamos locuras'' y a la media hora me encuentro recogiendo pedacitos de mi casa en medio de la calle, con la cabeza baja y diciendo ''en qué pensabas, tonta''.
Y después vienes tu, calle abajo, y arrasas con todo. Conmigo, con mi casa, con sus pedacitos y con mis pedacitos y mis destrozos.  Y me llevas contigo abajo, muy abajo, y me tumbas en la arena y empiezas a arreglarme. Coses por aquí, coses por allá. Y me levanto con vida propia sintiéndome Frankenstein en femenino y adorando cada cosa que haces.
Y entonces me subes. Me subes muy alto. Me llevas al cielo contigo y puedo rozar cada nube verde que da color a tus ojos, siento el rojo del cielo corriendo por tus venas y allí en lo alto, con o sin gravedad …