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Mostrando entradas de junio, 2015
Me bebí en vaso largo
las ojeras que me dejaste cuando te fuiste,
los sueños que no llegamos a cumplir,
las horas que me faltan de sueño.

Le eché hielo
a cada palabra que aún recuerdo,
a cada herida que aún me duele,
a cada mirada que parecía ser cierta.

Vomité
cada paso que diste hacia atrás,
cada excusa que no me creía,
cada día que pasaba sin ti.

Y tras cada vaso, tras cada hielo,
siempre aderezados
con un poco de vodka
y aguado
con un poco de llanto,
me di cuenta de que había entendido mal.

Pero es que me dijeron 'emborráchate'
y no me especificaron de qué,
y ahora estoy
hasta arriba de sentimientos
y con la peor resaca de toda mi vida.
De vez en cuando el destino se vuelve loco y le da por llamarse como tú. Le da por tener tu nombre porque dice que todo lo que suena bien, tiene posibilidad de acabar mejor.
Cuando eso pasa, yo me vuelvo un poco loca también: me da por joder al pasado y por enseñarle el dedo corazón al presente. Me da por decirte 'quiéreme',  pero hazlo con kilómetros de hilo; 'átame', pero con una cuerda fuerte que sobre la floja ya he andado mucho tiempo.
Cuando el destino se vuelve loco, el pasado se esconde porque dice que le da miedo desaparecer, que quiere seguir siendo recordado; que no lo abandone, que solo no sabe estar, que le siga llorando las ausencias, que le siga bebiendo las ojeras. Por eso a veces me da pena, y le recuerdo durante unos minutos, le maquillo el corazón y le beso los moretones.
Pero cuando el destino se vuelve loco, y se llama como tú, no hay pasado que valga, no hay presente que llore,  porque tu nombre va seguido de un ‘amén’ y yo siempre he sido tu may…